Poemas en Castellano es un blog que intenta recopilar lo mejor de la poesÃa castellana
Frases
âEscribid con amor, con corazón, lo que os alcance, lo que os antoje. Que eso será bueno en el fondo, aunque la forma sea incorrecta; será apasionado, aunque a veces sea inexacto; agradará al lector, aunque rabie Garcilaso; no se parecerá a lo de nadie; pero; bueno o malo, será vuestro, nadie os lo disputará; entonces habrá prosa, habrá poesÃa, habrá defectos, habrá belleza.â
Sobre la falda tenía el libro abierto, en mi mejilla tocaban sus rizos negros, no veíamos las letras ninguno, creo, mas guardábamos ambos hondo silencio. ¿Cuánto duró? Ni aun entonces pude saberlo. Sólo sé que no se oía más que el aliento que apresurado escapaba del labio seco. Sólo sé que nos volvimos los dos a un tiempo, y nuestros ojos se hallaron y sonó un beso. ......................... .......................... Creación de Dante era el libro, era su Infierno. Cuando a él bajamos los ojos, yo dije trémulo: ¿Comprendes ya que un poema cabe en un verso? Y ella respondió encendida: -¡Ya lo comprendo!
Rimas- XIII Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836-1870) Tu pupila es azul, y cuando ríes su claridad suave me recuerda el trémulo fulgor de la mañana que en el mar se refleja.
Tu pupila es azul y cuando lloras las transparentes lágrimas en ella se me figuran gotas de rocío sobre una violeta.
Tu pupila es azul y si en el fondo como un punto de luz radia una idea me parece en el cielo de la tarde una perdida estrella.
Rimas- XI Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836-1870)
Yo soy ardiente, yo soy morena, Yo soy el símbolo de la pasión; De ansia de goces mi alma esta llena. ¿A mí me buscas? – No, no es a ti. Mi frente es pálida; mis trenzas, de oro; Puedo brindarte dichas sin fin; Yo de ternura guardo un tesoro. ¿A mí me llamas? – No, no es a ti. Yo soy un sueño, un imposible, Vano fantasma de niebla y luz; Soy incorpórea, soy intangible; No puedo amarte. - ¡Oh ven; ven tú!
Rimas- X Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836-1870)
Los invisibles átomos del aire en derredor palpitan y se inflaman el cielo se deshace en rayos de oro la tierra se estremece alborozada Oigo flotando en olas de armonía umor de besos y batir de alas, mis párpados se cierran...¿Qué sucede? ¿Dime?... ¡Silencio!... ¿Es el amor que pasa?
Rimas- IX Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836-1870)
Besa el aura que gime blandamente las leves ondas que jugando riza el sol besa a la nube de occidente y de púrpura y oro la matiza la llama en derredor del tronco ardiente por besar a otra llama se desliza y hasta el sauce inclinándose a su peso al río que lo besa, vuelve un beso.
Rimas- VIII Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836-1870)
Cuando miro el azul horizonte perderse a lo lejos a través de una gasa de polvo dorado e inquieto, me parece posible arrancarme del mísero suelo, y flotar con la niebla dorada en átomos levescual ella deshecho.
Cuando miro de noche en el fondo obscuro del cielo las estrellas temblar, como ardientes pupilas de fuego, me parece posible a do brillan subir en un vuelo, y anegarme en su luz, y con ella en lumbre encendido fundirme en un beso
En el mar en la duda en que bogo ni aún se lo que creo: ¡Sin embargo, estas ansias me dicen que yo llevo algo divino aquí dentro
Rimas- I Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836-1870)
Yo sé un himno gigante y extraño que anuncia en la noche del alma una aurora, y estas páginas son de este himno cadencias que el aire dilata en la sombras.
Yo quisiera escribirlo, del hombre domando el rebelde, mezquino idioma, con palabras que fuesen a un tiempo suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra capaz de encerrarlo, y apenas, ¡oh hermosa! pudiera al oído, contártelo a solas.
Ultima noción de Laura Mario Benedetti (Uruguay, 1920)
Usted Martín Santomé no sabe cómo querría tener yo ahora todo el tiempo del mundo para quererlo pero no voy a convocarlo junto a mí ya que aún en el caso de que no estuviera toda muriéndome entonces moriría sólo de aproximarme a su tristeza. Usted Martín Santomé no sabe cuánto he luchado por seguir viviendo cómo he querido vivir para vivirlo porque me estoy muriendo, Santomé. Usted, claro, no sabe ya que nunca se lo he dicho ni siquiera en esas noches en que usted me descubre con sus manos incrédulas y libres usted no sabe cómo yo valoro su sencillo coraje de quererme. Usted Martín Santomé no sabe y sé que no lo sabe porque he visto sus ojos despejandola incógnita del miedo. No sabe que no es viejo que no podría serlo en todo caso allá usted con sus años yo estoy segura de quererlo así. Usted Martín Santomé no sabe qué bien, que lindo dice Avellaneda de algún modo ha inventado mi nombre con su amor. Usted es la respuesta que yo esperaba a una pregunta que nunca he formulado usted es mi hombre y yo la que abandono usted es mi hombre y yo la que flaqueo Usted Martín Santomé no sabe al menos no lo sabe en esta espera qué triste es ver cerrarse la alegría sin previo aviso de un brutal portazo. Es raro pero siento que me voy alejando de usted y de mí que estábamos tan cerca de mí y de usted. Quizá porque vivir es eso es estar cerca y yo me estoy muriendo Santomé no sabe usted qué oscura qué lejos qué callada Usted Martín Martín... ¿cómo era? los nombres se me caen yo misma me estoy cayendo usted de todos modos no sabe ni imagina qué sola va a quedar mi muerte sin su vi da.
Allá en mis 29 años circulaban dos tipos de tranvías los amarillos de la transatlántica los rojos de la comercial pero aparte de que fueran alemanes o ingleses había una tremenda diferencia en la comercial viajaba yo en la transatlántica unos desconocidos
El 36 iba a Punta Carretas y a las seis y cuarto de la mañana frágil cuando se levantaba como niebla el rocío yo lo tomaba a diario para asistir al Deutsche Schule de la calle soriano
Era un horario para gente estoica razón por la que íbamos sólo dos pasajeros yo sentado adelante junto a la ventanilla y bien atrás un viejo bajito y honorable siempre de traje oscuro y con barba canosa que leía su diario y jamás me miraba
Hoy me gusta pensarlo aquel puntual usuario seguro que tomaba el crujiente tranvía en una vaga esquina del siglo XIX pero en aquel entonces hubo alguien mi padre que dijo ése es el poeta nacional ése es don juan zorrilla de sanmartín
Lo cierto fue que el augusto nombre no me reveló nada así que lo seguí considerando un viejo bajo y de oscuro ceño fruncido y barba uno que diariamente compartí conmigo el 36 de la comercial poco después moría con todos los honores
Recuerdo que una tarde siendo ya adolescente me introduje en su casa que ya no era su casa sino apenas el museo zorrilla y me vinieron ganas retroactivas de hablarle de sentarme con él en el tranvía de las seis y cuarto
En este medio siglo por supuesto he leído sobre su vida y obra sobre su fe y talante
El tranvía sigue galopando en la niebla con él viejo y yo niño con él sólo y yo sólo
Pero nunca he sabido qué hacía tan temprano en el tramo penúltimo de su cándida gloria
Si dios fuera mujer Mario Benedetti (Uruguay, 1920)
¿Y si dios fuera mujer? pregunta juan sin inmutarse
vaya vaya si dios fuera mujer es posible que agnósticos y ateos no dijéramos no con la cabeza y dijéramos sí con las entrañas
tal vez nos acercáramos a su divina desnudez para besar sus pies no de bronce su pubis no de piedra sus pechos no de mármol sus labios no de yeso
si dios fuera mujer la abrazaríamos para arrancarla de su lontananza y no habría que jurar hasta que la muerte nos separe ya que sería inmortal por antonomasia y en vez de transmitirnos sida o pánico nos contagiaría su inmortalidad
si dios fuera mujer no se instalaría lejana en el reino de los cielos sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno con sus brazos no cerrados su rosa no de plástico y su amor no de ángeles
ay dios mío dios mío si hasta siempre y desde siempre fueras una mujer qué lindo escándalo sería qué venturosa espléndida imposible prodigiosa blasfemia
¿Qué les queda a los jóvenes? Mario Benedetti (Uruguay, 1920)
¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco? ¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo? también les queda no decir amén no dejar que les maten el amor recuperar el habla y la utopía ser jóvenes sin prisa y con memoria situarse en una historia que es la suya no convertirse en viejos prematuros
¿qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de rutina y ruina? ¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas? les queda respirar abrir los ojos descubrir las raíces del horror inventar paz así sea a ponchazos entenderse con la naturaleza y con la lluvia y los relámpagos y con el sentimiento y con la muerte esa loca de atar y desatar
¿qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de consumo y humo? ¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas? también les queda discutir con dios tanto si existe como si no existe tender manos que ayudan abrir puertas entre el corazón propio y el ajeno sobre todo les queda hacer futuro a pesar de los ruines de pasado y los sabios granujas del presente
¿Cuánto me queda? ¿siete? ¿diez? ¿quince setiembres?
¿le pregunto al azar acaso porque sé que el azar no responde?
y así y todo el azar ¿es realmente un azar?
aún no he movido el rey y la torre está quieta o sea que hasta aquí puedo enrocar mis riesgos
no intriuí a mi reloj para mañana no hay por lo tanto garantía de despertar a tiempo
por otra parte sé proteger el sueño con mis gastados párpados de manera que puedo arrimarme soñando a esa espléndida nada nada prometedora
la misma nada en que se despeñaron mis hermanos de siempre también los bienvenidos que un día se malfueron
entre otros mi padre con su asfixia y su postrer mirada de candoroso pánico
¿qué diferencia podrá haber ahí en tan hueco enigma entre las vidas transparentes y las compactas de asco entre los tiernos pechos de la hermosa lujuria y los verdugos con medallas? ¿habrá acabado la noticia? ¿terminado el pronóstico? ¿borrada la memoria? ¿degollado el futuro? la sobornable amnesia del imposible dios ¿será infinita? ¿tal vez la única igualdad posible entre yo mismo y la inminente carava de prójimos será el no ser el no existir?
¿nadie será ni más ni menos inexistente que otros? ¿o por ventura o desventura habrá tal vez un colmo de oscura inexistencia? ¿una nada más nada que las otras?
ante tan humillante incertidumbre ¿no sería mejor confiar tan sólo en nuestras huellas nuestro jadeo nuestro limo en el amor que desentrañan dos vértices de musgo en los odios y los mitos que inventamos en las palabras como norias en las palabras como sueños?
antes que el indecente rasero igualitario del no pensar el no existir no amar no disfrutar no padecer ¿no será preferible la sideral distancia que separa lo justo de lo injusto?
francamente me asquea la rara vecindad de mi no ser con el canalla ahora inexistente mi próximo no prójimo en el amplio vacío
¿cúanto me queda? ¿siete? ¿diez? ¿quince setiembres?
¿y qué es después de todo eso que espera?
¿la noche interminable? ¿un sol sin atenuantes ni crepúsculos? ¿la calima tediosa? ¿la noche? ¿alguna noche? ¿la noche como muro? lo cierto es que no tengo con respecto a esa noche sin murciélagos ninguna expectativa o esperanza
¿o será que la muerte no es realmente mi noche predilecta?
le pregunto al azar al mudo sordo ciego
le pregunto al azar le pregunto al azar
desalentadamente le pregunto al azar que no responde
Mario Benedetti -¿Por qué no hay más viajes a la Luna?
¿Por qué no hay más viajes a la Luna? Mario Benedetti (Uruguay, 1920)
Cuando el bueno de armstrong dio aquellos pasos todos registramos cómo se movía tosco pesado en un suelo blancuzco ¿o era de piedra pómez? ¿quién se acuerda? durante un rato estuvo cavilando y la escafandra o como se llamase impedía que viéramos sus ojos pero juraría que su mirada era de pereza o abulia algo debió explicar a su regreso algo diferente al discurso de gloria que le ordenaron pronunciar eufórico entre medallas flores vítores y guirnaldas algo debió decir en privado a sus jefes algo importante inesperado verbigracia cuando estaba allá arriba caminando como un zoombie en la luna mi general mi coronel pensé en ustedes y se me ocurrió no sé por qué que debía matarlos con urgencia uno a uno dos a dos etcétera o verbigracia dos cuando andaba allá heroico pisando las feísimas arrugas del satélite imaginé que así debía ser la muerte es decir el paisaje de la muerte o verbigracia tres cuando estaba en selene paseando por la nada como un imbécil sentí el asco infinito de la ausencia del hombre y me dije qué mierda estoy haciendo aquí algo así debe haber confesado a sus jefes con su estrenada voz de robot disidente y quizá por eso los dueños del poder postergaron sine die los viajes a la luna.
Aquí en esta vereda impecables lujosos los Grandes Almacenes el Banco y sus Billetes el Diario y sus Pizarras dos galgos un Impala
allá enfrente distintos el farol una escuela dos hombres en campera ciruelas y duraznos las muchachas su risa un frente con balcones tres negritos que miran
te ofrezco el brazo crucemos la Avenida
aquí en esta vereda indiferentes gordos un general de fierro un coronel de apuro un capitán de palo pero ningún soldado
allá enfrente distintos un árbol con su sombra una bandera rota ciruelas y duraznos en el andamio arriba recortados del cielo los obreros que pintan
te ofrezco el brazo crucemos la Avenida
aquí en esta vereda triunfantes inseguros el Oro y sus Gerentes el Odio y sus Ministros mucho mucho Gobierno pero poquito pueblo
allá enfrente distintos un niño que pregunta con un montón de dudas ciruelas y duraznos el sol que pone y quita un muro con verdades y una buena noticia
Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero compañero te desvela la misma suerte que a mí prometiste y prometí encender esta candela Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero la muerte mata y escucha la vida viene después la unidad que sirve es la que nos une en la lucha Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero la historia tañe sonora su lección como campana para gozar el mañana hay que pelear el ahora Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero ya no somos inocentes ni el la mala ni en la buena cada cual en su faena porque en esto no hay suplentes Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero algunos cantan victorias porque el pueblo paga vidas pero esas muertes queridas van escribiendo la historia Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero.
Tengo miedo de verte necesidad de verte esperanza de verte desazones de verte tengo ganas de hallarte preocupación de hallarte certidumbre de hallarte pobres dudas de amarte tengo urgencia de oírte alegría de oírte buena suerte de oírte y temores de oírte o sea resumiendo estoy jodido y radiante quizás más lo primero que lo segundo y también viceversa
Soñamos juntos juntos despertamos el tiempo hace o deshace mientras tanto no le importan tu sueño ni mi sueño somos torpes o demasiado cautos pensamos que no cae esa gaviota creemos que es eterno este conjuro que la batalla es nuestra o de ninguno juntos vivimos sucumbimos juntos pero esa destrucción es una broma un detalle una ráfaga un vestigio un abrirse y cerrarse el paraíso ya nuestra intimidad es tan inmensa que la muerte la esconde en su vacío quiero que me relates el duelo que te callas por mi parte te ofrezco mi última confianza estás sola estoy solo pero a veces puede la soledad ser una llama.
Tengo una soledad tan concurrida tan llena de nostalgias y de rostros de vos de adioses hace tiempo y besos bienvenidos de primeras de cambio y de último vagón.
Tengo una soledad tan concurrida que puedo organizarla como una procesión por colores tamaños y promesas por época por tacto y por sabor.
sin un temblor de más, me abrazo a tus ausencias que asisten y me asisten con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras de noches y deseos de risas y de alguna maldición
Mis huéspedes concurren, concurren como sueños con sus rencores nuevos su falta de candor. yo les pongo una escoba tras la puerta porque quiero estar solo con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos mira a otra parte con sus ojos de amor que ya no aman como víveres que buscan a su hambre miran y miran y apagan la jornada.
Las paredes se van queda la noche las nostalgias se van, no queda nada.
ahora está más allá de las nubes ramplonas y de unas cimas ágiles que aún no se distinguen y mas allá del trueno y de la araña
demorándose viene como una flor porfiada que vigilara al sol
a lo mejor es eso la vida cotidiana prepara bienvenidas cierra caldos de usura abre memorias vírgenes
pero él no tiene prisa lento viene por fin como su respuesta su pan para la hambruna sus magullados ángeles sus fieles golondrinas
lento pero no lánguido
ni ufano ni aguafiestas sencillamente viene con su afilada hoja y su balanza preguntando ante todo por los sueños y luego por las patrias los recuerdos yacentes y los recién nacidos
lento viene el futuro con sus lunes y sus marzos con sus puños y ojeras y propuestas lento y no obstante raudo como estrella pobre sin nombre todavía convaleciente y lento remordido soberbio modestísimo ese experto futuro que nos inventamos nosotros y el azar cada vez más nosotros y menos el azar.
Los formales y el frío Mario Benedetti (Uruguay, 1920)
Quién iba a prever que el amor ese informal se dedicara a ellos tan formales
mientras almorzaban por primera vez ella muy lenta y él no tanto y hablaban con sospechosa objetividad de grandes temas en dos volúmenes su sonrisa la de ella era como un augurio o una fábula su mirada la de él tomaba nota de cómo eran sus ojos los de ella pero sus palabras las de él no se enteraban de esa dulce encuesta
como siempre o como casi siempre la política condujo a la cultura así que por la noche concurrieron al teatro sin tocarse una uña o un ojal ni siquiera una hebilla o una manga y como a la salida hacía bastante frío y ella no tenía medias sólo sandalias por las que asomaban unos dedos muy blancos e indefensos fue preciso meterse en un boliche
y ya que el mozo demoraba tanto ellos optaron por la confidencia extra seca y sin hielo por favor
cuando llegaron a su casa la de ella ya el frío estaba en sus labios los de él de modo que ella fábula y augurio le dio refugio y café instantáneos
una hora apenas de biografía y nostalgias hasta que al fin sobrevino un silencio como se sabe en estos casos es bravo decir algo que realmente no sobre
él probó sólo falta que me quede a dormir y ella probó por qué no te quedás y él no me lo digas dos veces y ella bueno por qué no te quedás
de manera que él se quedó en principio a besar sin usura sus pies fríos los de ella después ella besó sus labios los de él que a esa altura ya no estaban tan fríos y sucesivamente así mientras los grandes temas dormían el sueño que ellos no durmieron.
Ahora que empecé el día volviendo a tu mirada y me encontraste bien y te encontré mas linda ahora que por fin esta bastante claro donde estas y donde estoy se por primera vez que tendré fuerzas para construir contigo una amistad tan piola que del vecino territorio del amor ese desesperado empezaran a mirarnos con envidia y acabaran organizando excursiones para venir a preguntarnos como hicimos.
Mario Benedetti -Una mujer desnuda y en lo oscuro-
Una mujer desnuda y en lo oscuro Mario Benedetti (Uruguay, 1920)
Una mujer desnuda y en lo oscuro tiene una claridad que nos alumbra de modo que si ocurre un desconsuelo un apagón o una noche sin luna es conveniente y hasta imprescindible tener a mano una mujer desnuda.
Una mujer desnuda y en lo oscuro genera un resplendor que da confianza entonces dominguea el almanaque vibran en su rincon las telarañas y los ojos felices y felinos miran y de mirar nunca se cansan.
Una mujer desnuda y en lo oscuro es una vocacion para las manos para los labios es casi un destino y para el corazon un despilfarro una mujer desnuda es un enigma y siempre es una fiesta descifrarlo.
Una mujer desnuda y en lo oscuro genera una luz propia y nos enciende el cielo raso se convierte en cielo y es una gloria no se inocente una mujer querida o vislumbrada desbarata por una vez la muerte.
Compañera usted sabe que puede contar conmigo no hasta dos, o hasta diez sino contar conmigo Si alguna vez advierte que la miro a los ojos y una veta de amor reconoce en los míos no alerte sus fusiles ni piense que deliro a pesar de la veta o tal vez porque existes usted puede contar conmigo Si otras veces me encuentra huraño sin motivo ni piense que flojera igual puede contar conmigo pero hagamos un trato yo quisiera contar con ustedes tan lindo saber que usted existe uno se siente vivo y cuando digo esto quiero decir contar aunque sea hasta cinco no ya para que acuda presuroso en mi auxilio sino para sabera ciencia cierta que usted sabe que puede contar conmigo..
Tu no eres esa, yo no soy ese, esos, los que fuimos antes de ser nosotros.
Eras si pero ahora suenas un poco a mi. Era si pero ahora vengo un poco de ti.
Táctica y estrategia Mario Benedetti (Uruguay, 1920)
Mi táctica es mirarte aprender como sos quererte como sos mi táctica es hablarte y escucharte construir con palabras un puente indestructible mi táctica es quedarme en tu recuerdo no sé cómo ni sé con qué pretexto pero quedarme en vos mi táctica es ser franco y saber que sos franca y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos no haya telón ni abismos mi estratégia es en cambio más profunda y más simple mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites
No te quedes inmóvil al borde del camino no congeles el júbilo no quieras con desgana no te salves ahora ni nunca.
No te salves no te llenes de calma no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo no dejes caer lo párpados pesados como juicios no te quedes sin labios no te duermas sin sueño no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo.
Pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el jubilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo
No me pongas la capucha Mario Benedetti (Uruguay, 1920)
Siento que mi pueblo escucha cuando canto lo que siento. Ganapán del escarmiento, no me pongas la capucha. No vas a conseguir nada: no claudico ni me entrego debajo del trapo ciego no está ciega mi mirada. Andá haciéndote a la idea de que pese a tus sanciones, tu miedo y tus precauciones, te miro aunque no te vea. Mientras tiembla tu victoria que es de barro y es de Pirro, tu rostro de pobre esbirro lo he aprendido de memoria. Siento que mi pueblo escucha cuando canto lo que siento. Ganapán del escarmiento, no me pongas la capucha. Hay algunas leyes viejas que son casi permanentes: en tu voz están tus dientes, tu nariz y tus orejas, y en tu rencor asustado y en tu alarido del día están tu mirada fría y hasta tu ceño arrugado. Te miro aunque no es lo mismo, te miro aunque no te escupa. Mi memoria es una lupa que repasa tu sadismo. Mirá que sigue la lucha y sigue el pueblo despierto. No te suplico. Te advierto: no me pongas la capucha.
Luna congelada Mario Benedetti (Uruguay, 1920) Con esta Soledad alevosa tranquila
con esta soledad de sagradas goteras de lejanos aullidos de monstruoso silencio de recuerdos al firme de luna congelada de noche para otros de ojos bien abiertos
Que uno tiene que buscarlo y dárselo... Que nadie establece normas, salvo la vida... Que la vida sin ciertas normas pierde formas... Que la forma no se pierde con abrirnos... Que abrirnos no es amar indiscriminadamente... Que no está prohibido amar... Que también se puede odiar... Que la agresión porque sí, hiere mucho... Que las heridas se cierran... Que las puertas no deben cerrarse... Que la mayor puerta es el afecto... Que los afectos, nos definen... Que definirse no es remar contra la corriente... Que no cuanto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja... Que negar palabras, es abrir distancias... Que encontrarse es muy hermoso... Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida... Que la vida parte del sexo... Que el por qué de los niños, tiene su por qué... Que querer saber de alguien, no es sólo curiosidad... Que saber todo de todos, es curiosidad malsana... Que nunca está de más agradecer... Que autodeterminación no es hacer las cosas solo... Que nadie quiere estar solo... Que para no estar solo hay que dar... Que para dar, debemos recibir antes... Que para que nos den también hay que saber pedir... Que saber pedir no es regalarse... Que regalarse en definitiva no es quererse... Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos... Que para que alguien sea, hay que ayudarlo... Que ayudar es poder alentar y apoyar... Que adular no es apoyar... Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara... Que las cosas cara a cara son honestas... Que nadie es honesto porque no robe... Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo... Que para sentir la vida hay que olvidarse que existe la muerte... Que se puede estar muerto en vida... Que se siente con el cuerpo y la mente... Que con los oídos se escucha... Que cuesta ser sensible y no herirse... Que herirse no es desangrarse... Que para no ser heridos levantamos muros... Que sería mejor construir puentes... Que sobre ellos se van a la otra orilla y nadie vuelve... Que volver no implica retroceder... Que retroceder también puede ser avanzar... Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol...
Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida?
Lo han cubierto de afiches, de pancartas De voces en los muros De agravios retroactivos De honores a destiempo
Lo han transformado en pieza de consumo En memoria trivial En ayer sin retorno En rabia embalsamada
Han decidido usarlo como epílogo Como última thule de la inocencia vana Como añejo arquetipo de santo o Satanás.
Y quizás han resuelto que la única forma De desprenderse de él O dejarlo al garete Es vaciarlo de lumbre Convertirlo en héroe De mármol o de yeso Y por lo tanto inmóvil Mejor como mito Silueta o fantasma Del pasado pisado
Sin embargo los ojos incerrables del Che miran como si no pudieran no mirar asombrados tal ve de que el mundo no entienda que treinta años después sigue bregando dulce y tenaz por la dicha del hombre.
Porque te tengo y no porque te pienso porque la noche está de ojos abiertos porque la noche pasa y digo amor porque has venido a recoger tu imagen y eres mejor que todas tus imágenes porque eres linda desde el pie hasta el alma porque eres buena desde el alma a mí porque te escondes dulce en el orgullo pequeña y dulce corazón coraza
porque eres mía porque no eres mía porque te miro y muero y peor que muero si no te miro amor si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera pero existes mejor donde te quiero porque tu boca es sangre y tienes frío tengo que amarte amor tengo que amarte aunque esta herida duela como dos aunque te busque y no te encuentre y aunque la noche pesa y yo te tenga y no.
Pongo estos seis versos en mi botella al mar con el secreto designio de que algún día llegue a una playa casi desierta y un niño la encuentre y la destape y en lugar de versos extraiga piedritas y socorros y alertas y caracoles.
Se me ocurre que vas a llegar distinta no exactamente mas linda ni mas fuerte ni mas dócil ni mas cauta tan solo que vas a llegar distinta como si esta temporada de no verme te hubiera sorprendido a vos también quizá porque sabescomo te pienso y te enumero
después de todo la nostalgia existe aunque no lloremos en los andenes fantasma lesni sobre las almohadas de candor ni bajo el cielo opaco
yo nostalgio tu nostalgias y como me revienta que el nostalgie
tu rostro es la vanguardia tal vez llega primero porque lo pinto en las paredes con trazos invisibles y seguros
no olvides que tu rostro me mira como pueblo sonríe y rabia y canta como pueblo y eso te da una lumbre inapagable ahora no tengo dudas vas a llegar distinta y con señales con nuevas con hondura con franqueza
se que voy a quererte sin preguntas se que vas a quererme sin respuestas
Balada del mal genio Mario Benedetti (Uruguay, 1920)
Hay días en que siento una desgana de mí, de ti, de todo lo que insiste en creerse y me hallo solidariamente cretino apto para que en mí vacilen los rencores y nada me parezca un aceptable augurio.
Días en que abro el diario con el corazón en la boca como si aguardara de veras que mi nombre fuera a aparecer en los avisos fúnebres seguido de la nómina de parientes y amigos y de todo indócil personal a mis órdenes.
Hay días que ni siquiera son oscuros días en que pierdo el rastro de mi pena y resuelvo las palabras cruzadas con una rabia hecha para otra ocasión digamos, por ejemplo, para noches de insomnio.
Días en que uno sabe que hace mucho era bueno bah tal vez no hace tanto que salía la luna limpia como después de jabón perfumado y aquello si era auténtica melancolía y no este malsano, dulce aburrimiento.
Bueno, esta balada sólo es para avisarte que en esos pocos días no me tomes en cuenta.
Digamos que te alejas definitivamente hacia el pozo de olvido que prefieres, pero la mejor parte de tu espacio, en realidad la única constante de tu espacio, quedará para siempre en mí, doliente, persuadida, frustrada, silenciosa, quedará en mí tu corazón inerte y sustancial, tu corazón de una promesa única en mí que estoy enteramente solo sobreviviéndote.
Después de ese dolor redondo y eficaz, pacientemente agrio, de invencible ternura, ya no importa que use tu insoportable ausencia ni que me atreva a preguntar si cabes como siempre en una palabra. Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche desgarradoramente idéntica a las otras que repetí buscándote, rodeándote. Hay solamente un eco irremediable de mi voz como niño, esa que no sabía.
Ahora que miedo inútil, qué vergüenza no tener oración para morder, no tener fe para clavar las uñas, no tener nada más que la noche, saber que Dios se muere, se resbala, que Dios retrocede con los brazos cerrados, con los labios cerrados, con la niebla, como un campanario atrozmente en ruinas que desandará siglos de ceniza. Es tarde. Sin embargo yo daría todos los juramentos y las lluvias, las paredes con insultos y mimos, las ventanas de invierno, el mar a veces, por no tener tu corazón en mí, tu corazón inevitable y doloroso en mí que estoy enteramente solo sobreviviéndote.
Para matar al hombre de la paz para golpear su frente limpia de pesadillas tuvieron que convertirse en pesadilla para vencer al hombre de la paz tuvieron que concretar todos los odios y además los aviones y los tanques para batir al hombre de la paz tuvieron que bombardearlo hacerlo llama porque el hombre de la paz era una fortaleza
para matar al hombre de la paz tuvieron que desatar la guerra turbia para vencer al hombre de la paz y acallar su voz modesta y taladrante tuvieron que empujar el terror hasta el abismo y matar más para seguir matando para batir al hombre de la paz tuvieron que asesinarlo muchas veces porque el hombre de la paz era una fortaleza
para matar al hombre de la paz tuvieron que imaginar que era una tropa una armada una hueste una brigada tuvieron que creer que era otro ejército pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo y tenía en sus manos un fusil y un mandato y eran necesarios más tanques más rencores más bombas más aviones más oprobios porque el hombre de la paz era una fortaleza
para matar al hombre de la paz para golpear su frente limpia de pesadillas tuvieron que convertirse en pesadilla para vencer al hombre de la paz tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte matar y matar más para seguir matando y condenarse a la blindada soledad para matar al hombre que era un pueblo tuvieron que quedarse son el pueblo
Los perros románticos Roberto Bolaño (Chile, 1953-2003)
En aquel tiempo yo tenía veinte años y estaba loco. Había perdido un país pero había ganado un sueño. Y si tenía ese sueño lo demás no importaba. Ni trabajar ni rezar ni estudiar en la madrugada junto a los perros románticos. Y el sueño vivía en el espacio de mi espíritu. Una habitación de madera, en penumbras, en uno de los pulmones del trópico. Y a veces me volvía dentro de mí y visitaba el sueño: estatua eternizada en pensamientos líquidos, un gusano blanco retorciéndose en el amor. Un amor desbocado. Un sueño dentro de otro sueño. Y la pesadilla me decía: crecerás. Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto y olvidarás. Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen. Estoy aquí, dije, con los perros románticos Y aquí me voy a quedar.
Los detectives helados Roberto Bolaño (Chile, 1953-2003)
Soñé con detectives helados, detectives latinoamericanos que intentaban mantener los ojos abiertos en medio del sueño. Soñé con crímenes horribles Y con tipos cuidadosos que procuraban no pisar los charcos de sangre y al mismo tiempo abarcar con una sola mirada el escenario del crimen. Soñé con detectives perdidos en el espejo convexo de los Arnolfini: nuestra época, nuestras perspectivas, nuestros modelos del Espanto
La poesía entra en el sueño como un buzo en el lago. La poesía, más valiente que nadie, entra y cae a plomo en un lago infinito cono Loch Ness o turbio e infausto como el lago Batalón. Contempladla desde el fondo: un buzo inocente envuelto en las plumas de la voluntad. La poesía entra en el sueño como un buzo muerto en el ojo de Dios.
Al término de tres generaciones vuelvo a los campos de los Acevedo, que fueron mis mayores. Vagamente los he buscado en esta vieja casa blanca y rectangular, en la frescura de sus dos galerías, en la sombra creciente que proyectan los pilares, en el intemporal grito del pájaro, en la lluvia que abruma la azotea, en el crepúsculo de los espejos, en un reflejo, un eco, que fue suyo y que ahora es mío, sin que yo lo sepa. He mirado los hierros de la reja que detuvo las lanzas del desierto, la palmera partida por el rayo, los negros toros de Aberdeen, la tarde, las casuarinas que ellos nunca vieron. Aquí fueron la espada y el peligro, las duras proscripciones, las patriadas; firmes en el caballo, aquí rigieron la sin principio y la sin fin llanura los estancieros de las largas leguas. Pedro Pascual, Miguel, Judas Tadeo... Quién me dirá si misteriosamente, bajo este techo de una sola noche, más allá de los años y del polvo, más allá del cristal de la memoria, no nos hemos unido y confundido, yo en el sueño, pero ellos en la muerte.
Inferno, V, 129 Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
Dejan caer el libro, porque ya saben que son las personas del libro. (Lo serán de otro, el máximo, pero eso qué puede importarles.) Ahora son Paolo y Francesca, no dos amigos que comparten el sabor de una fábula. Se miran con incrédula maravilla. Las manos no se tocan. Han descubierto el único tesoro; han encontrado al otro. No traicionan a Malatesta, porque la traición requiere un tercero y sólo existen ellos dos en el mundo. Son Paolo y Francesca y también la reina y su amante y todos los amantes que han sido desde aquel Adán y su Eva en el pasto del Paraíso. Un libro, un sueño les revela que son formas de un sueño que fue soñado en tierras de Bretaña. Otro libro hará que los hombres, sueños también, los sueñen.
Jorge Luis Borges -Inscripcción en cualquier sepulcro-
Inscripción en cualquier sepulcro Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
No arriesgue el mármol temerario gárrulas transgresiones al todopoder del olvido, enumerando con prolijidad el nombre, la opinión, los acontecimientos, la patria. Tanto abalorio bien adjudicado está a la tiniebla y el mármol no hable lo que callan los hombres. Lo esencial de la vida fenecida —la trémula esperanza, el milagro implacable del dolor y el asombro del goce— siempre perdurará. Ciegamente reclama duración el alma arbitraria cuando la tiene asegurada en vidas ajenas, cuando tú mismo eres el espejo y la réplica de quienes no alcanzaron tu tiempo y otros serán (y son) tu inmortalidad en la tierra.
Poema de los dones Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños a unos ojos sin luz, que sólo pueden leer en las bibliotecas de los sueños los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día les prodiga sus libros infinitos, arduos como los arduos manuscritos que perecieron en Alejandría.
De hambre y de sed (narra una historia griega) muere un rey entre fuentes y jardines; yo fatigo sin rumbo los confines de esta alta y honda biblioteca ciega.
Enciclopedias, atlas, el Oriente y el Occidente, siglos, dinastías, símbolos, cosmos y cosmogonías brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca exploro con el báculo indeciso, yo, que me figuraba el Paraíso bajo la especie de una biblioteca.
Algo, que ciertamente no se nombra con la palabra azar, rige estas cosas; otro ya recibió en otras borrosas tardes los muchos libros y la sombra.
Al errar por las lentas galerías suelo sentir con vago horror sagrado que soy el otro, el muerto, que habrá dado los mismos pasos en los mismos días.
¿Cuál de los dos escribe este poema de un yo plural y de una sola sombra? ¿Qué importa la palabra que me nombra si es indiviso y uno el anatema?
Groussac o Borges, miro este querido mundo que se deforma y que se apaga en una pálida ceniza vaga que se parece al sueño y al olvido.
Mis libros Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
Mis libros (que no saben que yo existo) son tan parte de mí como este rostro de sienes grises y de grises ojos que vanamente busco en los cristales y que recorro con la mano cóncava. No sin alguna lógica amargura pienso que las palabras esenciales que me expresan están en esas hojas que no saben quién soy, no en las que he escrito. Mejor así. Las voces de los muertos me dirán para siempre.
Los enigmas Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
Yo que soy el que ahora está cantando seré mañana el misterioso, el muerto, el morador de un mágico y desierto orbe sin antes ni después ni cuándo.
Así afirma la mística. Me creo indigno del Infierno o de la Gloria, pero nada predigo. Nuestra historia cambia como las formas de Proteo.
¿Qué errante laberinto, qué blancura ciega de resplandor será mi suerte, cuando me entregue el fin de esta aventura la curiosa experiencia de la muerte?
Quiero beber su cristalino Olvido,ser para siempre; pero no haber sido.
El oro de los tigres Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
Hasta la hora del ocaso amarillo Cuántas veces habré mirado Al poderoso tigre de Bengala Ir y venir por el predestinado camino Detrás de los barrotes de hierro, Sin sospechar que eran su cárcel. Después vendrían otros tigres, El tigre de fuego de Blake; Después vendrían otros oros, El metal amoroso que era Zeus, El anillo que cada nueve noches Engendra nueve anillos y estos, nueve, Y no hay un fin. Con los años fueron dejándome Los otros hermosos colores Y ahora sólo me quedan La vaga luz, la inextricable sombra Y el oro del principio. Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores Del mito y de la épica, Oh un oro más precioso, tu cabello Que ansían estas manos.
El hacedor Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
Somos el río que invocaste, Heráclito. Somos el tiempo. Su intangible curso acarrea leones y montañas, llorado amor, ceniza del deleite, insidiosa esperanza interminable, vastos nombres de imperios que son polvo, hexámetros del griego y del romano, lóbrego un mar bajo el poder del alba, el sueño, ese pregusto de la muerte, las armas y el guerrero, monumentos, las dos caras de Jano que se ignoran, los laberintos de marfil que urden las piezas de ajedrez en el tablero, la roja mano de Macbeth que puede ensangrentar los mares, la secreta labor de los relojes en la sombra, un incesante espejo que se mira en otro espejo y nadie para verlos, láminas en acero, letra gótica, una barra de azufre en un armario, pesadas campanadas del insomnio, auroras, ponientes y crepúsculos, ecos, resaca, arena, liquen, sueños. Otra cosa no soy que esas imágenes que baraja el azar y nombra el tedio. Con ellas, aunque ciego y quebrantado, he de labrar el verso incorruptible y (es mi deber) salvarme.
El amenazado Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo se, el amor; la ansiedad y el alivio de oír tu voz. la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Cristo en la cruz Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra. Los tres maderos son de igual altura. Cristo no está en el medio. Es el tercero. La negra barba pende sobre el pecho. El rostro no es el rostro de las lágrimas. Es áspero y judío. No lo veo y seguiré buscándolo hasta el día último de mis pasos sobre la tierra. El hombre quebrantado sufre y calla. La corona de espinas lo lastima. No lo alcanza la befa de la plebe que ha visto su agonía tantas veces. La suya o la de otro. Da lo mismo. Cristo en la cruz. Desordenadamente piensa en el reino que tal vez lo espera, piensa en una mujer que no fue suya. No le está dado ver la teología, la indescifrable Trinidad, los gnósticos, las catedrales, la navaja de Occam, la púrpura, la mitra, la liturgia, la conversión de Guthrum por la espada, la Inquisición, la sangre de los mártires, las atroces Cruzadas, Juana de Arco, el Vaticano que bendice ejércitos. Sabe que no es un dios y que es un hombre que muere con el día. No le importa. Le importa el duro hierro de los clavos. No es un romano. No es un griego. Gime. Nos ha dejado espléndidas metáforas y una doctrina del perdón que puede anular el pasado. (Esa sentencia la escribió un irlandés en la cárcel.) El alma busca el fin, apresurada. Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto. Anda una mosca por la carne quieta. ¿De qué puede servirme que aquel hombre haya sufrido, si yo sufro ahora?
Alguien sueña Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
¿Que habrá soñado el Tiempo hasta ahora, que es, como todos los ahoras, el ápice? Ha soñado la espada, cuyo mejor lugar es el verso. Ha soñado y labrado la sentencia, que puede simular la sabiduría. Ha soñado la fe, ha soñado las atroces Cruzadas. Ha soñado a los griegos que descubrieron el diálogo y la duda. Ha soñado la aniquilación de Cártago por el fuego y la sal. Ha soñado la palabra, ese torpe y rígido símbolo. Ha soñado la dicha que tuvimos o que ahora soñamos haber tenido. Ha soñado la primera mañana de Ur. Ha soñado el misterioso amor de la brújula. Ha soñado la proa del noruego y la proa del portugués. Ha soñado la ética y las metáforas del mas extraño de los hombres, el que murió una tarde en una cruz. Ha soñado el sabor de la cicuta en la lengua de Socrates. Ha soñado esos dos curiosos hermanos, el eco y el espejo. Ha soñado el libro, ese espejo que siempre nos revela otra cara. Ha soñado el espejo en que Francisco Lopez Merino y su imagen se vieron por ultima vez. Ha soñado el espacio. Ha sonado la muscia, que puede prescindir del espacio. Ha soñado el arte de la palabra, aún mas inexplicable que el de la música, porque incluye la música. Ha soñado una cuarta dimensión y la fauna singular que la habita. Ha soñado el numero de la arena. Ha soñado los numeros transfinitos, a los que se llega contando. Ha soñado al primero que en el trueno oyo el nombre de Thor. Ha soñado las opuestas caras de Jano, que no se verán nunca. Ha soñado la luna y los dos hombres que caminaron por la luna. Ha soñado el pozo y el péndulo. Ha soñado a Walt Whittman, que decidio ser todos los hombres, como la divinidad de Spinoza. Ha soñado el jazmin, que no puede saber que lo suenan. Ha soñado las generaciones de hormigas y las generaciones de los reyes. Ha soñado la vasta red que tejen todas las arañas del mundo. Ha soñado el arado y el martillo, el cáncer y la rosa, las campanadas del insomnio y el ajedrez. Ha soñado la enumeracion que los tratadistas llaman caótica y que de hecho es cósmica, porque todas las cosas estan unidas por vínculos secretos. Ha soñado a mi abuela Frances Haslam en la guarnición de Junin, a un trecho de las lanzas del desierto, leyendo su Biblia y su Dickens. Ha soñado que en las batallas los tartaros cantaban. Ha soñado la mano de Hokusai, trazando una linea que sera muy pronto una ola. Ha soñado a Yorick, que vive para siempre en unas palabras del ilusorio Hamlet. Ha soñado los arquetipos. Ha soñado que a lo largo de los veranos, o en un cielo anterior a los veranos, hay una sola rosa. Ha soñado las caras de tus muertos, que ahora son empañadas fotografias. Ha soñado la primera manana de Uxmal. Ha soñado el acto de la sombra. Ha soñado las cien puertas de Tebas. Ha soñado los pasos del laberinto. Ha soñado el nombre secreto de Roma, que era su verdadera muralla. Ha soñado la vida de los espejos. Ha soñado la vida de los espejos. Ha soñado los signos que trazara el escriba sentado. Ha soñado una esfera de marfil que guarda otras esferas. Ha soñado el calidoscopio, grato a los ocios del enfermo y del nino. Ha soñado el desierto. Ha soñado el alba que acecha. Ha soñado el Ganges y el Tamesis, que son nombres de agua. Ha soñado mapas que Ulises no habria comprendido. Ha soñado a Alejandro de macedonia. Ha soñado el muro del Paraiso, que detuvo a Alejandro. Ha soñado el mar y la lgrima. Ha soñado el cristal. Ha soñado que alguien lo sueña.
El cómplice Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos. Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta. Me engañan y yo debo ser la mentira. Me incendian y yo debo ser el infierno. Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo. Mi alimento es todas las cosas. El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo. Debo justificar lo que me hiere. Soy el poeta.
Habré de levantar la vasta vida que aún ahora es tu espejo: cada mañana habré de reconstruirla. Desde que te alejaste, cuántos lugares se han tornado vanos y sin sentido, iguales a luces en el día. Tardes que fueron nicho de tu imagen, músicas en que siempre me aguardabas, palabras de aquel tiempo, yo tendré que quebrarlas con mis manos. ¿En qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia que como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva y despiadada? Tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta, el mar al que se hunde.
No soy yo quien te engendra. Son los muertos. Son mi padre, su padre y sus mayores; son los que un largo dédalo de amores trazaron desde Adán y los desiertos
de Caín y de Abel, en una aurora tan antigua que ya es mitología, y llegan, sangre y médula, a este día del porvenir, en que te engendro ahora.
Siento su multitud. Somos nosotros y, entre nosotros, tú y los venideros hijos que has de engendrar. Los postrimeros
y los del rojo Adán. Soy esos otros, también. La eternidad está en las cosas del tiempo, que son formas presurosas.
1964. Ya no seré feliz Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
I Ya no es mágico el mundo. Te han dejado. Ya no compartirás la clara luna ni los lentos jardines. Ya no hay una luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías. Adiós las mutuas manos y las sienes que acercaba el amor. Hoy sólo tienes la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente) sino lo que no tiene y no ha tenido nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido. Un símbolo, una rosa, te desgarra y te puede matar una guitarra.
II Ya no seré feliz. Tal vez no importa. Hay tantas otras cosas en el mundo; un instante cualquiera es más profundo y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una oscura maravilla nos acecha, la muerte, ese otro mar, esa otra flecha que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste y me quitaste debe ser borrada; lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo que me queda el goce de estar triste, esa vana costumbre que me inclina al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
"He querido adaptar a nuestra prosodia la estrofa japonesa que consta de un primer verso de cinco sílabas, de uno de siete, de uno de cinco y de dos últimos de siete. Quién sabe cómo sonarán estos ejercicios a oídos orientales. La forma original prescinde asimismo de rimas". Borges
1 Alto en la cumbre todo el jardín es luna, luna de oro. Más precioso es el roce de tu boca en la sombra.
2 La voz del ave que la penumbra esconde ha enmudecido. Andas por tu jardín. Algo, lo sé, te falta.
3 La ajena copa, la espada que fue espada en otra mano, la luna de la calle, dime, acaso no bastan?
4 Bajo la luna el tigre de oro y sombra mira sus garras. No sabe que en el alba han destrozado un hombre.
5 Triste la lluvia que sobre el mármol cae, triste ser tierra. Triste no ser los días del hombre, el sueño, el alba.
6 No haber caído, como otros de mi sangre, en la batalla. Ser en la vana noche el que cuenta las sílabas.
Soy el que sabe que no es menos vano que el vano observador que en el espejo de silencio y cristal sigue el reflejo o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.
Soy, tácitos amigos, el que sabe que no hay otra venganza que el olvido ni otro perdón. Un dios ha concedido al odio humano esta curiosa llave.
Soy el que pese a tan ilustres modos de errar, no ha descifrado el laberinto singular y plural, arduo y distinto,
del tiempo, que es de uno y es de todos. Soy el que es nadie, el que no fue una espada en la guerra. Soy eco, olvido, nada.
Afuera hay un ocaso, alhaja oscura engastada en el tiempo, y una honda ciudad ciega de hombres que no te vieron. la tarde calla o canta. Alguien descrucifica los anhelos clavados en el piano. Siempre, la multitud de tu hermosura.
A despecho de tu desamor tu hermosura prodiga su milagro por el tiempo. Está en ti la ventura como la primavera en el hoja nueva. Ya casi no soy nadie, soy tan sólo ese anhelo que se pierde en la tarde. En ti está la delicia como está la crueldad en las espadas.
El Oriente Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
La mano de Virgilio se demora Sobre una tela con frescura de agua Y entretejidas formas y colores Que han traído a su Roma las remotas Caravanas del tiempo y de la arena. Perdurará en un verso de las Geórgicas. No la había visto nunca. Hoy es la seda. En un atardecer muere un judío Crucificado por los negros clavos Que el pretor ordenó, pero las gentes De las generaciones de la tierra No olvidarán la sangre y la plegaria Y en la colina los tres hombres últimos. Sé de un mágico libro de hexagramas Que marca los sesenta y cuatro rumbos De nuestra suerte de vigilia y sueño. ¡Cuánta invención para poblar el ocio !Sé de ríos de arena y peces de oro Que rige el Preste Juan en las regiones Ulteriores al Ganges y a la Aurora Y del hai ku que fija en unas pocas Sílabas un instante, un eco, un éxtasis; Sé de aquel genio de humo encarcelado En la vasija de amarillo cobre Y de lo prometido en la tiniebla. ¡Oh mente que atesoras lo increíble! Caldea, que primero vio los astros. Las altas naves lusitanas; Goa. Las victorias de Clive, ayer suicida. Kim y su lama rojo que prosiguen Para siempre el camino que los salva. El fino olor del té, el olor del sándalo. Las mezquitas de Córdoba y del Aksa Y el tigre, delicado como el nardo.
Tal es mi Oriente. Es el jardín que tengo Para que tu memoria no me ahogue.