Poemas en Castellano es un blog que intenta recopilar lo mejor de la poesÃa castellana
Frases
âEscribid con amor, con corazón, lo que os alcance, lo que os antoje. Que eso será bueno en el fondo, aunque la forma sea incorrecta; será apasionado, aunque a veces sea inexacto; agradará al lector, aunque rabie Garcilaso; no se parecerá a lo de nadie; pero; bueno o malo, será vuestro, nadie os lo disputará; entonces habrá prosa, habrá poesÃa, habrá defectos, habrá belleza.â
Yo no sé Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837-1885)
Yo no sé lo que busco eternamente en la tierra, en el aire y en el cielo; yo no sé lo que busco; pero es algo que perdí no sé cuando y que no encuentro, aun cuando sueñe que invisible habita en todo cuanto toco y cuanto veo. Felicidad, no he de volver a hallarte en la tierra, en el aire, ni en el cielo, y aun cuando sé que existes y no eres vano sueño!
Sed de amores tenía Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837-1885)
Sed de amores tenía, y dejaste que la apagase en tu boca, ¡piadosa samaritana!, y te encontraste sin honra, ignorando que hay labios que secan y que manchan cuanto tocan. ¡Lo ignorabas..., y ahora lo sabes! Pero yo sé también, pecadora compasiva, porque a veces hay compasiones traidoras, que si el sediento volviese a implorar misericordia, su sed de nuevo apagaras, samaritana piadosa. No volverá, te lo juro; desde que una fuente enlodan con su pico esas aves de paso, se van a beber a otra.
Pobre alma sola Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837-1885)
¡Pobre alma sola!, no te entristezcas, deja que pasen, deja que lleguen la primavera y el triste otoño, ora el estío y ora las nieves; que no tan sólo para ti corren horas y meses; todo contigo, seres y mundos de prisa marchan, todo envejece; que hoy, mañana, antes y ahora, lo mismo siempre, hombres y frutos, plantas y flores, vienen y vanse, nacen y mueren. Cuando te apene lo que atrás dejas, recuerda siempre que es más dichoso quien de la vida mayor espacio corrido tiene.
Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros, Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros, Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso, De mí murmuran y exclaman: —Ahí va la loca soñando Con la eterna primavera de la vida y de los campos, Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos, Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado. —Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha, Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula, Con la eterna primavera de la vida que se apaga Y la perenne frescura de los campos y las almas, Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan. Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños, Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?
Tiempos que fueron Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837-1885)
Hora tras hora, día tras día, Entre el cielo y la tierra que quedan Eternos vigías, Como torrente que se despeña Pasa la vida. Devolvedle a la flor su perfume Después de marchita; De las ondas que besan la playa Y que una tras otra besándola expiran Recoged los rumores, las quejas, Y en planchas de bronce grabad su armonía. Tiempos que fueron, llantos y risas, Negros tormentos, dulces mentiras, ¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron, En dónde, alma mía?
Orillas del Sar Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837-1885) I A través del follaje perenne Que oír deja rumores extraños, Y entre un mar de ondulante verdura, Amorosa mansión de los pájaros, Desde mis ventanas veo El templo que quise tanto. El templo que tanto quise... Pues no sé decir ya si le quiero, Que en el rudo vaivén que sin tregua Se agitan mis pensamientos, Dudo si el rencor adusto
Vive unido al amor en mi pecho.
Era apacible el día Y templado el ambiente, Y llovía, llovía Callada y mansamente; Y mientras silenciosa Lloraba y yo gemía, Mi niño, tierna rosa Durmiendo se moría. Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente! Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía! Tierra sobre el cadáver insepulto Antes que empiece a corromperse... ¡tierra! Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos, Bien pronto en los terrones removidos Verde y pujante crecerá la yerba. ¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas, Torvo el mirar, nublado el pensamiento? ¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!... Jamás el que descansa en el sepulcro Ha de tornar a amaros ni a ofenderos¡ Jamás! ¿Es verdad que todoP ara siempre acabó ya? No, no puede acabar lo que es eterno, Ni puede tener fin la inmensidad. Tú te fuiste por siempre; mas mi alma Te espera aún con amoroso afán, Y vendrá o iré yo, bien de mi vida, Allí donde nos hemos de encontrar. Algo ha quedado tuyo en mis entrañas Que no morirá jamás, Y que Dios, porque es justo y porque es bueno, A desunir ya nunca volverá. En el cielo, en la tierra, en lo insondable Yo te hallaré y me hallarás. No, no puede acabar lo que es eterno, Ni puede tener fin la inmensidad. Mas... es verdad, ha partido Para nunca más tornar. Nada hay eterno para el hombre, huésped De un día en este mundo terrenal, En donde nace, vive y al fin muere Cual todo nace, vive y muere acá.
Las campanas Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837-1885)
Yo las amo, yo las oigo, cual oigo el rumor del viento, el murmurar de la fuente o el balido de cordero. Como los pájaros, ellas, tan pronto asoma en los cielos el primer rayo del alba, le saludan con sus ecos. Y en sus notas, que van prolongándose por los llanos y los cerros, hay algo de candoroso, de apacible y de halagüeño. Si por siempre enmudecieran, ¡qué tristeza en el aire y el cielo! ¡Qué silencio en la iglesia! ¡Qué extrañeza entre los muertos!